Google tiene una extraña forma de mostar quién no te olvidó,
como cuando caminas encima de harina: dejas rastros, huellas precisas...
El no existir en los motores de búsqueda, el pretender ser invisible no nos hace invisible,
el haber existido una vez, deja una un tufillo volátil, como los muertos a nuestras
espaldas, como el recuerdos en las fotos, como las anécdotas que marcaron edades,
como las simplicidades de la vida o las más tortuosas vivencias.
Sí, el tiempo es enemigo y a veces también es grato,
a veces nos regala el don de la paciencia y hasta el perdón,
Lamentablemente, la ventana no es la casa.
y los pactos institucionales no son doctrinas
ni tampoco la negación de los aros,
bajo el título de la fecundidad, de la libertad
y del no sé mañana.
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